| Acabo de abrir el correo y me encontré la agradable sorpresa de encontrar el tuyo. Hace unos días te escribí y se me devolvió el mensaje porque tenía mal la dirección. Recibe un beso y un abrazo interminable. Siempre guardaré un recuerdo amable de ti. No tenía ni idea de tu cumpleaños y es una oportunidad para desear que cada día te traiga momentos gratos y motivos para agradecer a la vida. Nuevamente, mil felicidades. Te las mereces. |
A qué llorar, me digo,
todo estaba previsto
me muerdo las falanges
los asombros por qué
miro la luna
ajena y sola y sobria en su talante
si desde siempre
desde el nacer, desde el morir, y en cada hora
pacientemente crece el hilo, crece,
y también crece la baba del gusano y la piedra
atravesada aquí,
bebo y saludo
y soy cordial con mi vecino ciego
pues no son tiempos estos dados a patetismos,
ni es elegante
exhibir el dolor.
A qué llorar, me digo:
sería
inoportuno con la muchedumbre
que ríe afuera con su risa de siglos.
Piedad Bonnet
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